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Projecte 'LIFE PRIORAT'  / Manual
Aterrazamiento de la viña

Capítulo 2

2. Aterrazamiento de la viña

El aterrazamiento consiste en la transformación de un terreno natural en pendiente, en un nuevo perfil formado por franjas planas de mayor o menor anchura (bancales o terrazas), unidas por nuevos taludes con una inclinación superior a la pendiente natural original del terreno. Tiene dos funciones principales:

  • Conservar el suelo y retener el agua. En general, la plantación agrícola requiere previamente el desbroce del suelo para retirar la vegetación existente, incluidas las raíces. El suelo queda, así, desprotegido, a merced de la erosión, que puede actuar agresivamente debido a la pendiente natural del terreno. La misión fundamental de las terrazas es la evacuación controlada del agua de lluvia, de forma que se evite al máximo la erosión del suelo. Además, el control de la escorrentía hídrica aumenta las posibilidades de inflitración del agua hacia la zona radicular de la planta.

La pérdida de fertilidad del suelo puede ser compatible con determinadas prácticas de viticultura, que basan la calidad de la uva en reducir la capacidad productiva de la cepa. No obstante, en los sistemas de cultivo objeto de este Manual, mantener el suelo y su fertilidad es importante para que la planta exprese todo su vigor (véase el capítulo 3).

  • Facilitar el trabajo de la viña, en particular mediante la mecanización sin riesgo laboral por vuelco de la maquinaria. Las terrazas actúan como pasillos de servicio planos desde los que pueden realizarse todas las operaciones propias del cultivo de un viñedo (poda, control de enfermedades, recolección, etc.). Asimismo, desde las terrazas se realizan las tareas de mantenimiento de los taludes. La mecanización de la viña para aumentar la productividad exige que la anchura de las terrazas sea la mínima necesaria para el paso de la maquinaria agrícola correspondiente.

Preponderancia de la viña en terrazas en el Priorato

El término municipal de Porrera ocupa una superficie de 2.896 ha, lo que equivale al 16,5% de la denominación de origen Priorat. La pendiente media del municipio es del 46% y su altitud se sitúa mayoritariamente entre 200 m y 600 m sobre el nivel del mar.

Entre 1986 y 2003, la viña tradicional en Porrera se ha abandonado en un 60%, pasando de 256 ha en 1986 a 107 ha en 2003. En el mismo periodo, la viña en terrazas pasó de 20 ha a 291 ha, lo que supone un crecimiento del 1.450%. En el periodo más reciente entre 1998 y 2003, la viña tradicional creció escasamente un 12% (pasó de 95 ha a 107), mientras que la viña en terrazas creció un 260%, pasando de 111 ha en 1998 a 291 ha en 2003. Este fuerte incremento en la viña aterrazada ha continuado en los últimos cuatro años.

En su conjunto, la viña ha crecido en Porrera un 44% entre 1986 y 2003, y un 93% entre 1998 y 2003.Estas cifras se consideran representativas de la evolución en el conjunto del Priorat.

Fuente: R. Cots-Folch et al./Agriculture, Ecosystems and Environment 115 (2006) 88-96.


2.1. Las terrazas convencionales

El aterrazamiento constituye una actuación sobre la montaña que, en mayor o menor medida, modifica las condiciones naturales.

Los trabajos realizados por la Universidad de Lleida en el Priorat permiten caracterizar los parámetros principales de diseño de las terrazas convencionales construidas en la última década (figura 2.1).Cabe destacar:

  • La anchura de las terrazas varía entre 2,37 y  5,91 m, pero la mayor parte tiene anchuras entre 2,4 y 3 m, con una media de 2,95 m, a fin de poder plantar dos filas de cepas en cada terraza, con espacio suficiente entre ellas para el paso de la maquinaria.
  • La pendiente de los taludes de las terrazas varía entre 24º y 56º, con una media de 39,4º, en una zona con pendientes naturales entre 18º y 36º (32 y 73%), con una media de 29º (55%).

Efecto cantera
Efecto cantera

En general y de forma sintética, las terrazas convencionales se construyen atendiendo a un criterio preponderante: el coste de la construcción. No se elaboran cálculos económicos más complejos, que tengan en cuenta otros costes cuya repercusión puede ser mayor a largo plazo (pérdida de superficie útil, mantenimiento de las terrazas, baja productividad, etc.). A ello se une una sensibilidad ambiental y paisajística insuficiente, especialmente por parte de empresas viticultoras cuyos responsables no están familiarizados con la tradición cultural y la identidad de la región montañosa que les acoge.

Este conjunto de causas perdura en el tiempo porque no existen recomendaciones técnicas claras, objetivas y bien documentadas que orienten a los viticultores y maquinistas constructores.

El diseño convencional de terrazas puede originar problemas ambientales y de tipo operativo en la explotación de la viña.

2.1.1 Problemas ambientales

  • Impacto paisajístico
    La fuerte pendiente natural del terreno, unido a taludes artificiales de inclinación suave y a anchuras de terraza notables, conlleva taludes muy altos y largos, que tienden a romper la armonía del paisaje. Se produce un efecto “cantera”, que es máximo cuando se pretende reproducir en la montaña el cultivo en llano.

Forzar la construcción de tramos de terraza rectilíneos para facilitar la conducción de la viña, crea perfiles poligonales de aspecto muy artificializado, que no se integran bien en el entorno. Además, este tipo de perfiles obliga a realizar transportes de tierra transversales, lo que dificulta y encarece la obra.

No conviene reporducir el llano en la montaña

 

 

 

Las terrazas poligonales generan un paisaje artificializado  

  • Erosión del suelo
    Los fenómenos erosivos pueden llegar a ser intensos, debido a la longitud excesiva de los taludes, que aumenta la escorrentía, pero sobre todo cuando falta un sistema de desagües de las terrazas bien diseñado:

-No se implantan pendientes continuas y constantes a lo largo de toda la terraza para evacuar el agua de forma controlada. Además, en muchos casos, no se prevén desagües transversales a las terrazas.

-Algunas terrazas desaguan en otras, lo que genera una acumulación de sedimentos en las terrazas receptoras.

  

Terrazas mal desaguadas. Las pendientes longitudinales conducen a puntos bajos, desde donde el agua romperá montaña abajo. Si la lluvia es intensa, la escorrentía trasnversal puede causar destrozos importantes en la viña.


   
 Erosión severa en un talud, que pone en riesgo algunas cepas Reparaciones en taludes erosionados 

Erosión del suelo por el agua de lluvia

La erosión hídrica del suelo es un fenómeno complejo de degradación en el que la fuerza del agua disgrega, arranca y desplaza los horizontes superficiales del relieve terrestre. Es un proceso natural, agravado por la intervención humana, en particular a través de determinadas prácticas agrícolas. La erosión hídrica actúa a través de dos mecanismos fundamentales:

  • Impacto de las gotas de lluvia. El golpeteo de las gotas de lluvia contra el suelo arranca y moviliza sus partículas. Si la lluvia es muy intensa, la fuerza de las gotas destruye los componentes estructurales del suelo. Este proceso va acompañado de una disminución de la porosidad, puesto que la mayor parte del volumen de poros de un suelo corresponde al espacio comprendido entre sus agregados. El poder erosivo del agua se ve acrecentado por la alternancia de largos períodos de sequía que dejan al suelo reseco, resquebrajado y desprovisto de una vegetación de envergadura que mitigue el impacto de los chaparrones.
  • Escorrentía. Este es el mecanismo por excelencia de la erosión hídrica. El agua de lluvia que no se infiltra en el terreno discurre por su superficie y arrastra a su paso las partículas de suelo. La erosión por escorrentía depende de numerosos factores: el régimen de precipitaciones, la densidad de la cobertura vegetal, la topografía del terreno y la resistencia y propiedades hidrológicas (velocidad de infiltración, capacidad de almacenamiento de agua y conductividad hidráulica) del suelo afectado.

Entre los múltiples impactos negativos de la erosión, cabe destacar:

  • Reducción del espesor de la capa de suelo en las parcelas afectadas. En zonas con suelos de escaso desarrollo, puede conducir a la pérdida completa de la capa de suelo.
  • Disminución de la fertilidad del suelo, asociada al lavado de minerales y a la pérdida de materia orgánica y nutrientes.
  • Desestabilización de taludes y aumento del riesgo de deslizamiento de tierras.
  • Aterramiento de zonas subyacentes (suelos agrícolas, instalaciones de riego, carreteras, etc.) por efecto del arrastre de sedimentos.
  • Las sustancias químicas procedentes de los fertilizantes y plaguicidas que son arrastrados por los sedimentos pueden eutrofizar o contaminar los cursos de agua.

 

Ambos problemas conducen a una acumulación de agua en puntos deprimidos de las terrazas o por causa de los sedimentos que actúan a modo de pequeño azud. Cuando este estancamiento de agua rompe, se produce una escorrentía de agua y lodo con un poder destructivo notable, que se multiplica a medida que discurre montaña abajo y puede llegar a formar cárcavas y causar grandes destrozos.

La construcción de las terrazas no debería invadir cursos naturales de agua como barrancos o rieras. Con las lluvias intensas, el agua buscará su cauce natural y acabará erosionando severamente el abancalamiento. Las obras de reparación que puedan acometerse, además de ser muy costosas, acabarán siendo inútiles frente a un nuevo episodio de precipitaciones mediterráneas. En estos casos, los sedimentos arrastrados como consecuencia de la erosión pueden ser de gran magnitud y crear serios problemas aguas abajo, como aterramiento de fincas vecinas o de infraestructuras viarias.

  • Inestabilidad de los taludes
    Los estudios realizados en el Priorat por la Universidad de Lleida[1] muestran que los deslizamientos son frecuentes, incluso con episodios de lluvia no excepcionales. Durante los trabajos en el término municipal de Porrera, se identificaron 74 corrimientos de tierra de magnitud diferente. Se observó una relación exponencial entre el volumen de los deslizamientos y la longitud del talud. Los movimientos detectados causan daños en las plantas y en las infraestructuras (emparrado, riego, etc.). Los desprendimientos también dificultan o llegan a impedir el paso de la maquinaria agrícola por las terrazas. Precisamente, la dificultad de paso y las fuertes pendientes complican mucho el acceso de la maquinaria necesaria para restaurar las terrazas dañadas.
Cuando se utiliza una máquina de pala para el movimiento de tierras, las terrazas se construyen mediante la técnica convencional de cortar la parte superior de la montaña y rellenar la parte inferior. De esta forma, la tierra removida (corte) se coloca sobre la montaña en su estado natural. Ello crea una superficie de contacto frágil, entre la tierra firme de la montaña y la tierra superpuesta, que facilita los deslizamientos (véase el apartado 2.2.3).

 

Viñedo construido terraplenando un barranco natural, en lugar de formar terrazas en la montaña con drenajes hacia el barranco

En la parte superior de la foto, terrazas demasiado anchas, con un bajo aprovechamiento del suelo; taludes de altura variable que dificultan el control de la erosión

  • Bajo aprovechamiento del suelo
    Para obtener una producción determinada de uva, un diseño poco optimizado de las terrazas (anchura, inclinación del talud, etc.) obliga a ocupar una superficie de suelo muy superior a la estrictamente necesaria. Por ejemplo, una anchura de terrazas próxima a tres metros es insuficiente para ubicar tres filas de cepas, pero excesiva para el paso de maquinaria con dos filas de cepas. Los criterios de plantación en llano no se pueden reproducir en la montaña, donde es primordial aprovechar el terreno al máximo para minimizar los efectos traumáticos que, en mayor o menor medida, siempre conlleva un aterrazamiento.

Los condicionantes paisajísticos e hidrológicos hacen del suelo de montaña un recurso escaso, que debe ser explotado de forma productiva. Como se verá más adelante en el Manual (apartado 4.1), las técnicas desarrolladas en Life Priorat permiten obtener una misma producción de uva que las convencionales, ocupando una superficie de suelo mucho menor.

 

2.1.2 Problemas en la explotación de la viña

  • Riesgo laboral
    En algunas plantaciones, los caminos hacia las terrazas tienen pendientes excesivas porque se trazan en dirección perpendicular a las líneas de nivel. Ello conlleva un riesgo laboral en el tránsito de maquinaria. El riesgo es máximo en las curvas de acceso a las terrazas, especialmente cuando se circula con un tractor y un remolque.
  • Reducción de la productividad laboral
    Frecuentemente, la pendiente natural del terreno es variable a lo largo de las líneas de nivel. Una solución que se aplica en ocasiones para evitar la construcción de terrazas con pendientes pronunciadas, que dificultarían el trabajo y agravarían los problemas de erosión, es aumentar la anchura de la terraza. Una anchura variable ha de aprovecharse plantando un mayor número de filas de cepas, lo que obliga a hacer recorridos improductivos y maniobras complicadas para acceder a la totalidad de las vides.

Otra solución que se aplica para evitar este problema, es construir terrazas intermedias que acaban desaguando en otras terrazas, generando los problemas de erosión ya indicados.

Por otra parte, no se trabaja con comodidad detrás de la fila interna de cepas (por ejemplo, para labores de mantenimiento del talud) que, además, tiende a aterrarse en mayor o menor grado por la erosión del talud.

  • Fertilidad heterogénea del suelo
    Cuando las terrazas se construyen mediante la técnica convencional de cortar la parte superior de la montaña y rellenar la parte inferior, la fila de cepas interna está plantada directamente sobre un substrato compacto sin la capa superior de suelo, mientras que la fila externa (lado valle) lo está sobre terreno removido, por lo que la fertilidad puede no ser homogénea.

Riesgo laboral: accesos perpendiculares a las líneas de nivel, con una pendiente excesiva

Dificultad para optimmizar las labores de cultivo, debido a la anchura variable de las terrazas

2.2. Técnicas de aterrazamiento sostenible

La experimentación llevada a cabo por Mas Martinet muestra que los problemas ambientales y operativos de las terrazas convencionales pueden superarse, si se aplican criterios de diseño adecuados. En este apartado, se describen los principales criterios desarrollados que han dado buenos resultados en el Priorato.

La figura 2.2 muestra las distintas variables que intervienen en el diseño de las terrazas:

  • Para una pendiente natural (α) dada, la terraza queda definida fijando dos cualquiera de los restantes parámetros. Por ejemplo, si se fija la anchura de la terraza (a), al disminuir la pendiente del talud (β), la altura entre terrazas (h) aumenta. No obstante, si se reduce la anchura de la terraza (a), se puede disminuir la pendiente del talud (β) sin aumentar su altura (h).
  • La pendiente del talud siempre es superior a la pendiente natural de la ladera.

2.2.1 Integración armónica de las terrazas en el paisaje

El criterio fundamental de diseño es que el conjunto terrazas-viñedo se ajuste al máximo a la morfología natural del terreno, minimizando el movimiento de tierras, y no introduzca formas artificializadas cuya visión destaque groseramente sobre el entorno.

  • Con carácter general, la altura de los taludes (h) se limita a 1,5 m.

Este criterio es básico para que el aterrazamiento no quiebre la armonía del paisaje. Para alturas de talud mayores, el abancalamiento se hace muy visible y destaca sobre el entorno, confiriendo al viñedo un aspecto de cantera, más acusado cuanto mayor es la altura del talud. En cualquier aterrazamiento, las cepas pueden plantarse en la terraza o en el talud. Cuando la viña se planta en el talud, la limitación de su altura puede ser algo más flexible, ya que la vegetación facilita la integración del talud en el entorno. No obstante, conviene no sobrepasar en ningún caso los 2 m de altura de talud.

  • La anchura de las terrazas (a) debe limitarse en función de la pendiente natural del terreno, de manera que en todo momento se respete el criterio anterior, es decir, la altura del talud no supere 1,5 m.

Si se utiliza maquinaria moderna de pequeñas dimensiones, la anchura de las terrazas puede incluso llegar a ser de tan solo 1,3 m. Esta es la anchura de las terrazas preferida por Mas Martinet y la única que utiliza actualmente en sus plantaciones (en algún caso puede llegarse a 1,5 m de anchura). Sólo permite plantar una fila de cepas en cada terraza y obliga a construir un número de terrazas mayor que si la anchura admite dos o más filas de cepas, lo que encarece la obra. Como contrapartida, la altura de los taludes es menor y el conjunto se ajusta mucho mejor a la morfología de la montaña. Una única fila de cepas en la parte externa de la terraza tiene también ventajas paisajísticas, puesto que la visual de un observador alejado sigue de forma rectilínea los extremos de las cepas, sin que se quiebre por causa de otras filas de cepas situadas en la parte más interna de la terraza. Además, facilita el acceso al talud para su mantenimiento.

Tanto este criterio como el anterior son totalmente incompatibles con la construcción de grandes explanadas para reproducir la viña en llano, especialmente en pendientes naturales pronunciadas.

En la parte izquierda central puede verse una plantación en la terraza, con taludes de altura superior a 1,5 m. En las tres terrazas inferiores, el aspecto mejora al disminuir la altura del talud. En la zona derecha de la foto, puede verse una plantación en el talud, con un efecto paisajístico muy bueno, ya que el aterrazamiento es prácticamente imperceptible

Terreno natural con pendiente superior al 60%. Los taludes no superan los 2 m de altura; plantación en el talud

  • El trazado en planta de las terrazas sigue las líneas de nivel que, en general, tienen un desarrollo curvilíneo. Se evitan los trazados poligonales, que dan a la viña un aspecto artificializado que destaca sobre el paisaje del entorno. Este criterio dificulta el uso de emparrados convencionales rectilínios u obliga a implantar tramos más cortos. No obstante, ello no supone ningún problema sise aplican las técnicas de conducción del vigor que se presentan en el capítulo 3.

Se respeta la vegetación de la cumbre. Terrazas con 1,3 m de amchura constante; nótese la pendiente longitudinal constante. Las terrazas siguen las curvas de nivel, sin formas poligonales
  • La línea de cumbres de la montaña (donde se produce el cambio de vertiente), especialmente si es aguda, se respeta con su vegetación y se empiezan las terrazas unos metros más abajo.
  • En la zona aterrazada, se conservan las afloraciones rocosas y los árboles de mayor edad, singularidad, valor paisajístico o representatividad del pasado agrícola de la finca, para romper la continuidad de la viña (islas verdes) y, al mismo tiempo, ofrecer una zona de descanso con sombra para las personas que la trabajan. En viñas de gran extensión, puede ser necesario hacer plantaciones puntuales de árboles autóctonos. Si algún árbol de gran porte es incompatible con la implantación de la viña, conviene transplantarlo. Asimismo, se respetan las cabañas u otras construcciones que puedan tener un valor cultural y turístico.

Si existe, también se respeta la vegetación de ribera de los barrancos o rieras contiguas a la viña y la vegetación de los límites del viñedo que, además de su función paisajística, retiene el suelo, sirve de referencia visual y mantiene la biodiversidad agroforestal.

En cualquier caso, la preservación de estas zonas se planifica con antelación al comienzo de los trabajos de movimiento de tierras.

  • El entorno de los caminos de acceso a las fincas y el propio camino merecen también atención. Además de conectar las viñas o las tierras de cultivo y de permitir el acceso a las fincas y la circulación de la maquinaria agrícola, los caminos son una plataforma privilegiada para la observación del paisaje, desde la que pueden apreciarse las singularidades y detalles del territorio, imperceptibles desde observatorios más alejados. Siempre que es compatible con el uso agrícola, los caminos son abiertos y accesibles al uso público, para contribuir al encuentro entre la cultura del vino, sus paisajes y la sociedad, e integrarse en la red de infraestructuras de apoyo al turismo enológico.

En el ámbito del proyecto Life-Priorat se han abierto nuevos caminos de acceso a las fincas. Algunos criterios de diseño se consideran especialmente importantes:

- Se evitan anchuras superiores a 5 m. Si es necesario, se construyen pequeños tramos más anchos para el cruce de vehículos pesados.
- Los taludes y márgenes se acaban y protegen de la erosión con la vegetación adecuada.
- Se cuidan las pendientes longitudinales y transversales para una buena evacuación del agua.
- Si son necesarios, se utilizan pavimentos blandos que se integren en el paisaje.
- Se evita la utilización de indicadores o señalización de tipología urbana.

2.2.2 Prevención de la erosión y evacuación controlada del agua de lluvia

  • Las terrazas se construyen con una pendiente longitudinal constante del 3% y una pendiente transversal hacia la montaña del 4-5%. En consecuencia, la distancia vertical entre terrazas se mantiene constante en todo su recorrido.

Para cumplir escrupulosamente este criterio, se utiliza maquinaria de excavación equipada con un nivelador de láser, tal como se muestra más adelante en este apartado. Se trata de una práctica constructiva de precisión, que requiere una persona con formación específica en la conducción de la máquina (las máquinas han de adaptarse a la montaña y no al revés).

Terrazas de pendiente longitudinal y anchura constantes Acabado de taludes de altura constante mediante nivelación con láser

Todas las terrazas desaguan hacia canales de drenaje laterales. Las terrazas cambian el régimen hidrológico de la montaña. Las aguas ya no se reparten por las distintas pendientes naturales del terreno hasta llegar a los cauces, sino que, canalizadas por las terrazas bien construidas, se concentran en los puntos finales, aumentando su poder erosivo. En consecuencia, es muy importante prever la conducción segura de estas aguas hasta los cauces naturales, donde ya no puedan causar daños. Para ello, todas las terrazas han de desaguar en canales de drenaje construidos al efecto con las mayores garantías de resistencia y estabilidad. La solución óptima dependerá de la morfología y resistencia de la formación montañosa en la que se asiente la viña.

 

De acuerdo con la experimentación realizada en el Priorato, conviene ubicar los canales de drenaje en las costillas de la montaña (“costers”), donde la roca es resistente a la erosión. Se evitan las zonas cóncavas de la montaña (“comellars”), donde se acumulan sedimentos y el riesgo de erosión es máximo: el agua arrastraría los sedimentos y los depositaría allá donde la velocidad disminuyera, ocasionando un desborde que acabaría destruyendo el propio desagüe y una parte de las terrazas y aterrando cauces e infraestructuras. Bien es cierto que podría excavarse el canal y reforzarse con algún tipo de recubrimiento, pero ello sería un gasto inútil, innecesario y artificializante. Además, obligaría a retirar el suelo más fértil, que es un recurso escaso en la zona y que, como se verá más adelante en este Manual, las técnicas de cultivo Mas Martinet permiten aprovechar en todo su valor. Por ello, y aunque parezca contradictorio, los desagües deben construirse en las costillas de la montaña, donde basta excavar unos centímetros para tener un canal resistente a la erosión.

En ningún caso una terraza se hace desaguar en otra terraza. Como ya se ha indicado, se ha comprobado que esta práctica acaba generando unos caballones en el punto de recepción, donde se acumula el agua hasta que adquiere la suficiente energía para romper el obstáculo, provocando una descarga de lodo que tiene efectos destructivos en las terrazas inferiores. Si la lluvia es moderada, este problema de erosión severa no llegará a generarse, pero pueden acumularse sedimentos que dificulten el paso de la maquinaria.

  • Entre dos canales de drenaje, la longitud de las terrazas se limita a 200 m, con objeto de evitar la erosión en la propia terraza. La mitad de la terraza (100 m) desagua hacia un canal y la otra mitad, hacia el canal opuesto.
  • Se respetan estrictamente los cursos naturales de agua, como barrancos o rieras. En ningún caso se terraplenan estos cursos para construir las terrazas. Al contrario, se facilita que los drenajes de las terrazas alcancen sin obstáculos estos cauces.
  • En las terrazas, la longitud de los taludes (I) con una pendiente superior al 25% se limita a un máximo de 6 m. Para longitudes mayores, se ha comprobado que el agua adquiere una energía cinética excesiva y puede erosionar el talud y acumular sedimentos en la terraza inferior, con los problemas de acumulación de agua y tránsito de maquinaria ya indicados. No obstante, este límite puede variar en función del tipo de suelo y del grado de protección del talud, por ejemplo, mediante una cubierta vegetal.

    En taludes de baja inclinación, la longitud máxima no viene condicionada por el riesgo de erosión sino por las limitaciones de la maquinaria para trabajar en el talud desde la terraza (por ejemplo, para la aplicación de tratamientos preventivos de enfermedades de la vid), aunque en ningún caso conviene sobrepasar los 10-11 m.

Terrazas con drenaje lateral en zona resistente a la erosión

La longitud del talud puede ser mayor cuando la pendiente es suave y se planta en el propio talud

Esta limitación de la longitud del talud tiene escasas repercusiones en la práctica, si se respeta una altura del talud inferior a 1,5 m.

  • El mantenimiento del buen estado de las terrazas en todo momento es una condición básica para asegurar el drenaje controlado del agua y, en última instancia, la estabilidad de todo el abancalamiento:
    • Debe eliminarse cualquier acumulación de sedimentos u otros obstáculos en las terrazas que dificulten o impidan el paso del agua. Las aguas deben drenar a lo largo de las terrazas en toda su longitud, sin que el agua se acumule y salte transversalmente en dirección al valle, aumentando peligrosamente su poder erosivo.
    • En las terrazas estrechas que construye Mas Martinet (1,3-1,5 m), el mantenimiento debe extremarse, ya que en caso de obstáculo, se agota rápidamente la sección disponible para el paso del agua.
    • El mantenimiento también es especialmente importante en los caminos de acceso a las terrazas, donde la pendiente y la longitud de los taludes es mayor y, con ello, el riesgo de erosión y acumulación de sedimentos. Además, en estos puntos pueden acumularse caudales importantes procedentes del desagüe longitudinal completo de diversas terrazas.

En zonas mediterráneas, donde los episodios de lluvias intensas son relativamente frecuentes, la evacuación controlada de las aguas es un punto crítico en la construcción de las terrazas. Si no se observan con todo rigor las medidas preventivas necesarias, los daños causados a la viña y a las zonas anexas pueden ser muy graves, hasta poner en riesgo la propia supervivencia de la explotación. La red de drenaje ha de planificarse antes de comenzar las obras de aterrazamiento.

Se ha concluido que el riesgo de erosión no es función de la pendiente natural del terreno, sino del diseño de las terrazas: una viña mal diseñada en una pendiente del 25% tendrá más erosión que unas terrazas bien diseñadas en una pendiente del 50%.

2.2.3 Técnica constructiva de las terrazas y estabilidad de los taludes

Cuando se aplica la técnica constructiva de cortar la parte superior de la montaña y rellenar la parte inferior, se crea una superficie de contacto frágil entre el terreno firme y la tierra superpuesta, por donde suelen producirse los deslizamientos, incluso con episodios de lluvia no excepcionales (véase el apartado 2.1). Si las terrazas discurren perpendiculares a la dirección N-S del buzonamiento general de los estratos pizarrosos del Priorat, el riesgo de deslizamiento es mayor.

Ante esta situación, la solución constructiva que se aplica en las terrazas Mas Martinet ha demostrado ser efectiva, incluso con lluvias torrenciales. Consiste en roturar y revolver la masa de tierra hasta una profundidad suficiente para asegurar que toda la terraza descansa sobre una base de terreno firme ligeramente inclinada hacia el interior. Cuanto mayor es la pendiente natural del terreno mayor ha de ser la profundidad de tierra removida para que todo el contacto con la montaña firme sea casi horizontal. En la práctica, se remueve una profundidad mínima de 1 m, que es la profundidad media que alcanzan las raíces de la vid (criterio agronómico).

Aun aplicando esta técnica constructiva, puede haber pequeños problemas de deslizamiento de tierras, especialmente en episodios de lluvia fina que se infiltra en la parte externa de la terraza. Si durante los dos primeros años de vida de las terrazas, estos deslizamientos se arreglan convenientemente, el problema queda resuelto y ya no se produce en años posteriores, al asentarse el abancalamiento.

 

La secuencia completa del sistema constructivo de una terraza nueva a partir de la superior ya acabada es la siguiente:

  • La retroexcavadora abre un camino de unos 3,5 m de anchura por el que la máquina puede avanzar, y provoca un corte más o menos vertical en la parte interior de la nueva terraza. Con la propia máquina, el camino se nivela hasta conseguir que la altura respecto a la terraza superior se mantenga aproximadamente constante en toda la longitud.
  • La tierra del camino se remueve hasta la profundidad suficiente para que la nueva terraza descanse en su totalidad sobre tierra firme. Como ya se ha indicado, esta profundidad depende de la pendiente natural del terreno (con un mínimo de 1 m).
  • En este momento, se instala en la máquina el nivelador por láser. Mediante la retroexcavadora se acaba el talud inferior de la terraza superior y al mismo tiempo se nivela la parte inferior del talud e interior de la terraza en construcción, de manera que la pendiente longitudinal sea de un 3%. La tierra sobrante se deposita en la parte exterior de la misma terraza que, de esta manera, queda más alta que la parte interior ya nivelada.
  • La máquina recorre la terraza de manera que la huella interior marca exactamente la línea divisoria con el talud y la huella exterior pisa sobre el sobrante de tierra y lo compacta. Seguidamente, la pendiente transversal de la terraza se corrige hasta dejarla en un 4-5% hacia el interior, depositando la tierra sobrante hacia el exterior de la terraza.
  • Finalmente, se marca la anchura de la terraza (por ejemplo, 1,3 m) y se recorta siempre con la retroexcavadora avanzando por la propia terraza.

Fijada la anchura de la terraza, la altura del talud dependerá de su inclinación (β) y de la pendiente natural del terreno (α). La inclinación estable de los taludes es función del ángulo de rozamiento interno y la cohesión de cada tipo de suelo removido. Un ensayo de corte directo en laboratorio permite evaluar estos parámetros básicos. Siguiendo la técnica constructiva de terrazas desarrollada por Mas Martinet, la experimentación en la “Licorella” del Priorato muestra que los taludes de hasta 65º - 70º de inclinación son estables.

Toda la experimentación de Mas Martinet relativa a la construcción de terrazas sostenibles se ha llevado a cabo en colaboración con la empresa Coll de la Teixeta (www.teixeta.cat), ubicada en Falset (Priorato, Tarragona).

2.3.4 Explotación operativa y segura de la viña

 

 

  • Como se ha dicho, la tierra del aterrazamiento se remueve hasta una profundidad mínima de 1 m, de forma que las raíces de la vid encuentran menos dificultades para extenderse en cualquier punto de la plantación. Además, el suelo retiene mejor el agua porque aumenta su contenido en materiales finos. Si el suelo no se remueve, en terrenos pizarrosos como en el Priorat, el agua tiende a escaparse por las grietas o bien se forma una capa de lodo que permite la escorrentía sin infiltración.
  • La anchura de las terrazas es constante en todo su recorrido y, con ello, el número de filas de cepas, a fin de evitar los desplazamientos improductivos o las maniobras complicadas con la maquinaria.
  • Los accesos a las terrazas se realizan en zigzag, de manera que la pendiente no supere el 10-15%. Con ello se pierde un cierto espacio y se forman pequeños tramos de talud con una altura o longitud superior a las indicadas como máximas, pero se gana en seguridad laboral a la hora de transitar con maquinaria. Con pendientes pronunciadas, el riesgo de vuelco del tractor se considera inadmisible, especialmente en los puntos de incorporación en curva a las terrazas y si se circula con un remolque u otra maquinaria.

Terrazas de anchura constante siguiendo las curvas de nivel.

Accesos a las terrazas en zig-zag para mejorar la seguridad laboral.

 

Paisaje con aterrazamiento sostenible.


1María Concepción Ramos et al., Sustainability of modern land terracing for vineyard plantation in a Mediterranean mountain environment - The case of the Priorat ..., Geomorphology (2006).

 


 

Mas Martinet Assessoraments S.L.
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