Capítulo 2
2. Aterrazamiento de la viña
El aterrazamiento consiste en la transformación de un terreno natural en pendiente, en un nuevo perfil formado por franjas planas de mayor o menor anchura (bancales o terrazas), unidas por nuevos taludes con una inclinación superior a la pendiente natural original del terreno. Tiene dos funciones principales:
La pérdida de fertilidad del suelo puede ser compatible con determinadas prácticas de viticultura, que basan la calidad de la uva en reducir la capacidad productiva de la cepa. No obstante, en los sistemas de cultivo objeto de este Manual, mantener el suelo y su fertilidad es importante para que la planta exprese todo su vigor (véase el capítulo 3).
El término municipal de Porrera ocupa una superficie de 2.896 ha, lo que equivale al 16,5% de la denominación de origen Priorat. La pendiente media del municipio es del 46% y su altitud se sitúa mayoritariamente entre 200 m y 600 m sobre el nivel del mar.
Entre 1986 y 2003, la viña tradicional en Porrera se ha abandonado en un 60%, pasando de 256 ha en 1986 a 107 ha en 2003. En el mismo periodo, la viña en terrazas pasó de 20 ha a 291 ha, lo que supone un crecimiento del 1.450%. En el periodo más reciente entre 1998 y 2003, la viña tradicional creció escasamente un 12% (pasó de 95 ha a 107), mientras que la viña en terrazas creció un 260%, pasando de 111 ha en 1998 a 291 ha en 2003. Este fuerte incremento en la viña aterrazada ha continuado en los últimos cuatro años.
En su conjunto, la viña ha crecido en Porrera un 44% entre 1986 y 2003, y un 93% entre 1998 y 2003.Estas cifras se consideran representativas de la evolución en el conjunto del Priorat.
Fuente: R. Cots-Folch et al./Agriculture, Ecosystems and Environment 115 (2006) 88-96.
2.1. Las terrazas convencionales
El aterrazamiento constituye una actuación sobre la montaña que, en mayor o menor medida, modifica las condiciones naturales.
Los trabajos realizados por la Universidad de Lleida en el Priorat permiten caracterizar los parámetros principales de diseño de las terrazas convencionales construidas en la última década (figura 2.1).Cabe destacar:
En general y de forma sintética, las terrazas convencionales se construyen atendiendo a un criterio preponderante: el coste de la construcción. No se elaboran cálculos económicos más complejos, que tengan en cuenta otros costes cuya repercusión puede ser mayor a largo plazo (pérdida de superficie útil, mantenimiento de las terrazas, baja productividad, etc.). A ello se une una sensibilidad ambiental y paisajística insuficiente, especialmente por parte de empresas viticultoras cuyos responsables no están familiarizados con la tradición cultural y la identidad de la región montañosa que les acoge.
Este conjunto de causas perdura en el tiempo porque no existen recomendaciones técnicas claras, objetivas y bien documentadas que orienten a los viticultores y maquinistas constructores.
El diseño convencional de terrazas puede originar problemas ambientales y de tipo operativo en la explotación de la viña.
2.1.1 Problemas ambientales
Forzar la construcción de tramos de terraza rectilíneos para facilitar la conducción de la viña, crea perfiles poligonales de aspecto muy artificializado, que no se integran bien en el entorno. Además, este tipo de perfiles obliga a realizar transportes de tierra transversales, lo que dificulta y encarece la obra.
-No se implantan pendientes continuas y constantes a lo largo de toda la terraza para evacuar el agua de forma controlada. Además, en muchos casos, no se prevén desagües transversales a las terrazas. -Algunas terrazas desaguan en otras, lo que genera una acumulación de sedimentos en las terrazas receptoras.
-No se implantan pendientes continuas y constantes a lo largo de toda la terraza para evacuar el agua de forma controlada. Además, en muchos casos, no se prevén desagües transversales a las terrazas.
-Algunas terrazas desaguan en otras, lo que genera una acumulación de sedimentos en las terrazas receptoras.
Erosión del suelo por el agua de lluvia
La erosión hídrica del suelo es un fenómeno complejo de degradación en el que la fuerza del agua disgrega, arranca y desplaza los horizontes superficiales del relieve terrestre. Es un proceso natural, agravado por la intervención humana, en particular a través de determinadas prácticas agrícolas. La erosión hídrica actúa a través de dos mecanismos fundamentales:
Entre los múltiples impactos negativos de la erosión, cabe destacar:
Ambos problemas conducen a una acumulación de agua en puntos deprimidos de las terrazas o por causa de los sedimentos que actúan a modo de pequeño azud. Cuando este estancamiento de agua rompe, se produce una escorrentía de agua y lodo con un poder destructivo notable, que se multiplica a medida que discurre montaña abajo y puede llegar a formar cárcavas y causar grandes destrozos.
La construcción de las terrazas no debería invadir cursos naturales de agua como barrancos o rieras. Con las lluvias intensas, el agua buscará su cauce natural y acabará erosionando severamente el abancalamiento. Las obras de reparación que puedan acometerse, además de ser muy costosas, acabarán siendo inútiles frente a un nuevo episodio de precipitaciones mediterráneas. En estos casos, los sedimentos arrastrados como consecuencia de la erosión pueden ser de gran magnitud y crear serios problemas aguas abajo, como aterramiento de fincas vecinas o de infraestructuras viarias.
Cuando se utiliza una máquina de pala para el movimiento de tierras, las terrazas se construyen mediante la técnica convencional de cortar la parte superior de la montaña y rellenar la parte inferior. De esta forma, la tierra removida (corte) se coloca sobre la montaña en su estado natural. Ello crea una superficie de contacto frágil, entre la tierra firme de la montaña y la tierra superpuesta, que facilita los deslizamientos (véase el apartado 2.2.3).
Viñedo construido terraplenando un barranco natural, en lugar de formar terrazas en la montaña con drenajes hacia el barranco
En la parte superior de la foto, terrazas demasiado anchas, con un bajo aprovechamiento del suelo; taludes de altura variable que dificultan el control de la erosión
Los condicionantes paisajísticos e hidrológicos hacen del suelo de montaña un recurso escaso, que debe ser explotado de forma productiva. Como se verá más adelante en el Manual (apartado 4.1), las técnicas desarrolladas en Life Priorat permiten obtener una misma producción de uva que las convencionales, ocupando una superficie de suelo mucho menor.
2.1.2 Problemas en la explotación de la viña
Otra solución que se aplica para evitar este problema, es construir terrazas intermedias que acaban desaguando en otras terrazas, generando los problemas de erosión ya indicados. Por otra parte, no se trabaja con comodidad detrás de la fila interna de cepas (por ejemplo, para labores de mantenimiento del talud) que, además, tiende a aterrarse en mayor o menor grado por la erosión del talud.
Otra solución que se aplica para evitar este problema, es construir terrazas intermedias que acaban desaguando en otras terrazas, generando los problemas de erosión ya indicados.
Por otra parte, no se trabaja con comodidad detrás de la fila interna de cepas (por ejemplo, para labores de mantenimiento del talud) que, además, tiende a aterrarse en mayor o menor grado por la erosión del talud.
Riesgo laboral: accesos perpendiculares a las líneas de nivel, con una pendiente excesiva
2.2. Técnicas de aterrazamiento sostenible
La experimentación llevada a cabo por Mas Martinet muestra que los problemas ambientales y operativos de las terrazas convencionales pueden superarse, si se aplican criterios de diseño adecuados. En este apartado, se describen los principales criterios desarrollados que han dado buenos resultados en el Priorato.
La figura 2.2 muestra las distintas variables que intervienen en el diseño de las terrazas:
2.2.1 Integración armónica de las terrazas en el paisaje
El criterio fundamental de diseño es que el conjunto terrazas-viñedo se ajuste al máximo a la morfología natural del terreno, minimizando el movimiento de tierras, y no introduzca formas artificializadas cuya visión destaque groseramente sobre el entorno.
Este criterio es básico para que el aterrazamiento no quiebre la armonía del paisaje. Para alturas de talud mayores, el abancalamiento se hace muy visible y destaca sobre el entorno, confiriendo al viñedo un aspecto de cantera, más acusado cuanto mayor es la altura del talud. En cualquier aterrazamiento, las cepas pueden plantarse en la terraza o en el talud. Cuando la viña se planta en el talud, la limitación de su altura puede ser algo más flexible, ya que la vegetación facilita la integración del talud en el entorno. No obstante, conviene no sobrepasar en ningún caso los 2 m de altura de talud.
Si se utiliza maquinaria moderna de pequeñas dimensiones, la anchura de las terrazas puede incluso llegar a ser de tan solo 1,3 m. Esta es la anchura de las terrazas preferida por Mas Martinet y la única que utiliza actualmente en sus plantaciones (en algún caso puede llegarse a 1,5 m de anchura). Sólo permite plantar una fila de cepas en cada terraza y obliga a construir un número de terrazas mayor que si la anchura admite dos o más filas de cepas, lo que encarece la obra. Como contrapartida, la altura de los taludes es menor y el conjunto se ajusta mucho mejor a la morfología de la montaña. Una única fila de cepas en la parte externa de la terraza tiene también ventajas paisajísticas, puesto que la visual de un observador alejado sigue de forma rectilínea los extremos de las cepas, sin que se quiebre por causa de otras filas de cepas situadas en la parte más interna de la terraza. Además, facilita el acceso al talud para su mantenimiento.
Tanto este criterio como el anterior son totalmente incompatibles con la construcción de grandes explanadas para reproducir la viña en llano, especialmente en pendientes naturales pronunciadas.
En la parte izquierda central puede verse una plantación en la terraza, con taludes de altura superior a 1,5 m. En las tres terrazas inferiores, el aspecto mejora al disminuir la altura del talud. En la zona derecha de la foto, puede verse una plantación en el talud, con un efecto paisajístico muy bueno, ya que el aterrazamiento es prácticamente imperceptible
Terreno natural con pendiente superior al 60%. Los taludes no superan los 2 m de altura; plantación en el talud
Si existe, también se respeta la vegetación de ribera de los barrancos o rieras contiguas a la viña y la vegetación de los límites del viñedo que, además de su función paisajística, retiene el suelo, sirve de referencia visual y mantiene la biodiversidad agroforestal.
En cualquier caso, la preservación de estas zonas se planifica con antelación al comienzo de los trabajos de movimiento de tierras.
En el ámbito del proyecto Life-Priorat se han abierto nuevos caminos de acceso a las fincas. Algunos criterios de diseño se consideran especialmente importantes:
- Se evitan anchuras superiores a 5 m. Si es necesario, se construyen pequeños tramos más anchos para el cruce de vehículos pesados. - Los taludes y márgenes se acaban y protegen de la erosión con la vegetación adecuada. - Se cuidan las pendientes longitudinales y transversales para una buena evacuación del agua. - Si son necesarios, se utilizan pavimentos blandos que se integren en el paisaje. - Se evita la utilización de indicadores o señalización de tipología urbana.
2.2.2 Prevención de la erosión y evacuación controlada del agua de lluvia
Para cumplir escrupulosamente este criterio, se utiliza maquinaria de excavación equipada con un nivelador de láser, tal como se muestra más adelante en este apartado. Se trata de una práctica constructiva de precisión, que requiere una persona con formación específica en la conducción de la máquina (las máquinas han de adaptarse a la montaña y no al revés).
Todas las terrazas desaguan hacia canales de drenaje laterales. Las terrazas cambian el régimen hidrológico de la montaña. Las aguas ya no se reparten por las distintas pendientes naturales del terreno hasta llegar a los cauces, sino que, canalizadas por las terrazas bien construidas, se concentran en los puntos finales, aumentando su poder erosivo. En consecuencia, es muy importante prever la conducción segura de estas aguas hasta los cauces naturales, donde ya no puedan causar daños. Para ello, todas las terrazas han de desaguar en canales de drenaje construidos al efecto con las mayores garantías de resistencia y estabilidad. La solución óptima dependerá de la morfología y resistencia de la formación montañosa en la que se asiente la viña.
De acuerdo con la experimentación realizada en el Priorato, conviene ubicar los canales de drenaje en las costillas de la montaña (“costers”), donde la roca es resistente a la erosión. Se evitan las zonas cóncavas de la montaña (“comellars”), donde se acumulan sedimentos y el riesgo de erosión es máximo: el agua arrastraría los sedimentos y los depositaría allá donde la velocidad disminuyera, ocasionando un desborde que acabaría destruyendo el propio desagüe y una parte de las terrazas y aterrando cauces e infraestructuras. Bien es cierto que podría excavarse el canal y reforzarse con algún tipo de recubrimiento, pero ello sería un gasto inútil, innecesario y artificializante. Además, obligaría a retirar el suelo más fértil, que es un recurso escaso en la zona y que, como se verá más adelante en este Manual, las técnicas de cultivo Mas Martinet permiten aprovechar en todo su valor. Por ello, y aunque parezca contradictorio, los desagües deben construirse en las costillas de la montaña, donde basta excavar unos centímetros para tener un canal resistente a la erosión.
En ningún caso una terraza se hace desaguar en otra terraza. Como ya se ha indicado, se ha comprobado que esta práctica acaba generando unos caballones en el punto de recepción, donde se acumula el agua hasta que adquiere la suficiente energía para romper el obstáculo, provocando una descarga de lodo que tiene efectos destructivos en las terrazas inferiores. Si la lluvia es moderada, este problema de erosión severa no llegará a generarse, pero pueden acumularse sedimentos que dificulten el paso de la maquinaria.
En taludes de baja inclinación, la longitud máxima no viene condicionada por el riesgo de erosión sino por las limitaciones de la maquinaria para trabajar en el talud desde la terraza (por ejemplo, para la aplicación de tratamientos preventivos de enfermedades de la vid), aunque en ningún caso conviene sobrepasar los 10-11 m.
Terrazas con drenaje lateral en zona resistente a la erosión
Esta limitación de la longitud del talud tiene escasas repercusiones en la práctica, si se respeta una altura del talud inferior a 1,5 m.
En zonas mediterráneas, donde los episodios de lluvias intensas son relativamente frecuentes, la evacuación controlada de las aguas es un punto crítico en la construcción de las terrazas. Si no se observan con todo rigor las medidas preventivas necesarias, los daños causados a la viña y a las zonas anexas pueden ser muy graves, hasta poner en riesgo la propia supervivencia de la explotación. La red de drenaje ha de planificarse antes de comenzar las obras de aterrazamiento.
Se ha concluido que el riesgo de erosión no es función de la pendiente natural del terreno, sino del diseño de las terrazas: una viña mal diseñada en una pendiente del 25% tendrá más erosión que unas terrazas bien diseñadas en una pendiente del 50%.
2.2.3 Técnica constructiva de las terrazas y estabilidad de los taludes
Cuando se aplica la técnica constructiva de cortar la parte superior de la montaña y rellenar la parte inferior, se crea una superficie de contacto frágil entre el terreno firme y la tierra superpuesta, por donde suelen producirse los deslizamientos, incluso con episodios de lluvia no excepcionales (véase el apartado 2.1). Si las terrazas discurren perpendiculares a la dirección N-S del buzonamiento general de los estratos pizarrosos del Priorat, el riesgo de deslizamiento es mayor.
Ante esta situación, la solución constructiva que se aplica en las terrazas Mas Martinet ha demostrado ser efectiva, incluso con lluvias torrenciales. Consiste en roturar y revolver la masa de tierra hasta una profundidad suficiente para asegurar que toda la terraza descansa sobre una base de terreno firme ligeramente inclinada hacia el interior. Cuanto mayor es la pendiente natural del terreno mayor ha de ser la profundidad de tierra removida para que todo el contacto con la montaña firme sea casi horizontal. En la práctica, se remueve una profundidad mínima de 1 m, que es la profundidad media que alcanzan las raíces de la vid (criterio agronómico).
Aun aplicando esta técnica constructiva, puede haber pequeños problemas de deslizamiento de tierras, especialmente en episodios de lluvia fina que se infiltra en la parte externa de la terraza. Si durante los dos primeros años de vida de las terrazas, estos deslizamientos se arreglan convenientemente, el problema queda resuelto y ya no se produce en años posteriores, al asentarse el abancalamiento.
La secuencia completa del sistema constructivo de una terraza nueva a partir de la superior ya acabada es la siguiente:
Fijada la anchura de la terraza, la altura del talud dependerá de su inclinación (β) y de la pendiente natural del terreno (α). La inclinación estable de los taludes es función del ángulo de rozamiento interno y la cohesión de cada tipo de suelo removido. Un ensayo de corte directo en laboratorio permite evaluar estos parámetros básicos. Siguiendo la técnica constructiva de terrazas desarrollada por Mas Martinet, la experimentación en la “Licorella” del Priorato muestra que los taludes de hasta 65º - 70º de inclinación son estables.
Toda la experimentación de Mas Martinet relativa a la construcción de terrazas sostenibles se ha llevado a cabo en colaboración con la empresa Coll de la Teixeta (www.teixeta.cat), ubicada en Falset (Priorato, Tarragona).
2.3.4 Explotación operativa y segura de la viña
Terrazas de anchura constante siguiendo las curvas de nivel.
1María Concepción Ramos et al., Sustainability of modern land terracing for vineyard plantation in a Mediterranean mountain environment - The case of the Priorat ..., Geomorphology (2006).
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