Capítulo 3
3. Conducción del vigor de la vid
Las terrazas construidas con técnicas Mas Martinet son ambientalmente sostenibles; sin embargo, podrían tener dos inconvenientes desde el punto de vista del viticultor:
Conservan el suelo fértil y retienen el agua, en mayor proporción que las terrazas convencionales. Ello no encaja bien con los criterios de viticultura preponderantes, según los cuales un exceso de fertilidad y producción es incompatible con la calidad de la uva.
El coste de construcción es mayor que el de las terrazas convencionales. De acuerdo con las últimas experiencias en el Priorat, las terrazas construidas con técnicas Mas Martinet tienen un coste entre 30.000 euros/ha y 36.000 euros/ha.
La calidad de la uva y la viabilidad económica de la viña se consiguen con la conducción del vigor de la vid, el segundo conjunto de técnicas que presenta este Manual:
En efecto, las técnicas de conducción del vigor que se describen en el presente capítulo permiten superar los dos inconvenientes indicados para el viticultor de la construcción de terrazas sostenibles. La plantación convencional logra desarrollar entre 4.500 y 5.500 metros lineales de brazo de producción por hectárea, con una SFE próxima a 7.000 m2. Tal como se muestra más adelante en el Manual (apartado 4.1), con la aplicación de las técnicas de conducción del vigor, en terrazas sostenibles se logran unos 12.000 metros lineales de brazo de producción y una SFE que supera ampliamente los 20.000 m2, y ello manteniendo o incluso aumentando la calidad de la uva, conservando el suelo y reteniendo el agua de lluvia. La mayor productividad del viñedo con técnicas de conducción del vigor permite obtener una misma producción de uva con una superficie de terreno menor. Con ello, además de las ventajas ambientales descritas en el capítulo 2, se logra reducir la deforestación para la plantación del viñedo.
Se describen, asimismo, dos técnicas complementarias, que no son estrictamente necesarias para la conducción del vigor, pero mejoran su eficacia y ecoeficiencia:
3.1. Fundamento de las técnicas
En el Priorato, a principios de la década de los 90, la viña vieja producía la uva de base para elaborar buenos vinos. Fruto de la experiencia de Mas Martinet en la explotación de viñas viejas, se observó que las uvas con granos sueltos y pequeños eran la materia prima adecuada para producir vinos de alta calidad:
Esta observación fundamental se pudo constatar mediante pruebas de maduración, comparando uvas de granos grandes y compactos con uvas de granos pequeños y sueltos. Si se representa en una gráfica el grado alcohólico probable de cada uno de los granos de uva, se obtienen las curvas de la figura 3.1. En el caso de la uva compacta, un porcentaje elevado de granos o bien no llega al grado alcohólico deseado o bien lo sobrepasa. Este porcentaje es mucho menor para la uva suelta. Es decir, frente a los valores medios deseados, la uva compacta presenta una dispersión (desviación estándar en la curva de Gauss) muy superior a la suelta, lo que explica la diferencia de calidad. Figura 3.1 Comparación del grado alcohólico probable de dos tipos de granos de uva Uva compacta Uva suelta
Esta observación fundamental se pudo constatar mediante pruebas de maduración, comparando uvas de granos grandes y compactos con uvas de granos pequeños y sueltos. Si se representa en una gráfica el grado alcohólico probable de cada uno de los granos de uva, se obtienen las curvas de la figura 3.1. En el caso de la uva compacta, un porcentaje elevado de granos o bien no llega al grado alcohólico deseado o bien lo sobrepasa. Este porcentaje es mucho menor para la uva suelta. Es decir, frente a los valores medios deseados, la uva compacta presenta una dispersión (desviación estándar en la curva de Gauss) muy superior a la suelta, lo que explica la diferencia de calidad.
Uva compacta
Uva suelta
Durante la maduración, el azúcar que ha acumulado la planta mediante la fotosíntesis pasa a la savia y llega a la uva. Las células hipodérmicas del grano (en la piel), bajo la acción de la luz del sol, llevan a cabo la síntesis enzimática de los polifenoles y los aromas a partir del azúcar. Los polifenoles forman un conjunto muy amplio y diverso de compuestos (taninos, flavonoides, etc.), que aportan alvino color, aromas, sabores. Puede decirse que todas las características que luego se reflejarán en el vino proceden del azúcar de las reservas que permite sintetizar los polifenoles durante la maduración.
La maduración forma parte de la estrategia reproductiva de la vid:
En la fruta madura, las semillas ya se han recubierto de lignina y el animal no puede digerirlas, por lo que las expulsa sin degradarlas y permite la reproducción de la planta.
La calidad de un vino viene determinada por tres características principales:
Armonía: Un vino es armónico cuando sus olores y sabores se presentan sin defectos y se reducen paulatinamente hasta desaparecer, sin cambios bruscos o puntas. La armonía depende fundamentalmente de la maduración de la uva. Si la maduración es insuficiente, durante la maceración de la uva se extraen taninos verdes que son los responsables de diversos problemas en el vino: astringencia, sequedad de boca, acidez, etc. Una sobre maduración produce dulzor, con sabores excesivos a frutos secos o a higos. Por ello, es muy importante que todos los granos de uva alcancen el nivel de maduración deseado al mismo tiempo, es decir, de forma homogénea, sin granos excesivamente maduros junto a otros todavía verdes. Concentración: además de la calidad de los polifenoles y los aromas también es importante la cantidad, de forma que el vino pueda envejecer correctamente y produzca aromas de evolución durante la crianza. Si la cantidad de polifenoles que contiene la uva es pequeña, la actividad biológica del vino durante el envejecimiento acabará alterando todos los compuestos y el vino perderá sus características deseadas. Personalidad: es la característica que permite diferenciar vinos con una buena calidad básica (armonía y concentración). La personalidad de un vino depende del “terroir”, del clima, de la variedad de la uva y del autor. Mientras la armonía y la concentración se pueden evaluar por un experto de una forma bastante objetiva, la personalidad es mucho más subjetiva. Como cualquier obra de arte, la personalidad de un vino puede adaptarse más o menos a los gustos particulares de cada persona.
Armonía: Un vino es armónico cuando sus olores y sabores se presentan sin defectos y se reducen paulatinamente hasta desaparecer, sin cambios bruscos o puntas. La armonía depende fundamentalmente de la maduración de la uva. Si la maduración es insuficiente, durante la maceración de la uva se extraen taninos verdes que son los responsables de diversos problemas en el vino: astringencia, sequedad de boca, acidez, etc. Una sobre maduración produce dulzor, con sabores excesivos a frutos secos o a higos. Por ello, es muy importante que todos los granos de uva alcancen el nivel de maduración deseado al mismo tiempo, es decir, de forma homogénea, sin granos excesivamente maduros junto a otros todavía verdes.
Concentración: además de la calidad de los polifenoles y los aromas también es importante la cantidad, de forma que el vino pueda envejecer correctamente y produzca aromas de evolución durante la crianza. Si la cantidad de polifenoles que contiene la uva es pequeña, la actividad biológica del vino durante el envejecimiento acabará alterando todos los compuestos y el vino perderá sus características deseadas.
Personalidad: es la característica que permite diferenciar vinos con una buena calidad básica (armonía y concentración). La personalidad de un vino depende del “terroir”, del clima, de la variedad de la uva y del autor.
Mientras la armonía y la concentración se pueden evaluar por un experto de una forma bastante objetiva, la personalidad es mucho más subjetiva. Como cualquier obra de arte, la personalidad de un vino puede adaptarse más o menos a los gustos particulares de cada persona.
Es evidente que si los granos de la uva están separados y tienen una mayor superficie específica (superficie por unidad de volumen) pueden recibir mejor la radiación solar y llegar a madurar de forma homogénea, para expresar con armonía en el vino todos los aspectos de la variedad y del territorio, que lo hacen diferente de otro vino. Y este es el objetivo fundamental.
El vigor de una planta es la fuerza de su actividad vegetativa. Técnicamente, Mas Martinet define el vigor de una cepa como “el peso de la madera en forma de sarmiento que una cepa adulta es capaz de producir en un ciclo vegetativo”. El vigor se expresa en gramos. Por ejemplo, una cepa puede tener un vigor de 300 gr o de 1.400 gr.
El vigor de una cepa depende, básicamente, de la variedad de la vid, de la fertilidad del suelo y de la climatología.
El marco de plantación (MP) es la superficie definida por la separación entre hileras de cepas, que conforma la anchura del pasillo de servicios o calle, y la distancia entre cepas de una misma hilera.
El volumen de suelo radicular (VSR) es el disponible para el desarrollo de las raíces de la cepa, sin entrar en competencia con las cepas vecinas. El VSR viene determinado por el marco de plantación y la profundidad en la que las raíces son activas que, a título indicativo, puede suponerse de 1m.
Se observó también que las variedades autóctonas de Cariñena y Garnacha en viñas jóvenes plantadas en terrenos fértiles, producían unos racimos muy compactos, con granos muy grandes, que una vez recolectados tenían un grado de maduración deficiente por heterogénea (granos todavía verdes junto a otros sobremadurados).
Por otra parte, se sabe que las viñas viejas producen una uva de calidad por dos motivos:
El problema quedaba planteado: en las nuevas plantaciones en terrazas, con suelo fértil no erosionado y retención de agua para su infiltración, las cepas expresan todo su vigor y tienden a producir uvas muy grandes y compactas. Sus granos ya no maduran homogéneamente y, en consecuencia, el vino pierde calidad.
Hasta ahora, la solución convencional que se da a este problema de calidad consiste en “hacer sufrir” a la planta para reducir su vigor: no regar, no labrar, menor fertilización, etc. Es decir, el vigor se trata como si fuera un defecto que hay que corregir para obtener producciones menores pero de mayor calidad, a semejanza de la viña vieja.
Contrariamente, la base de la técnica Mas Martinet es considerar el vigor como una virtud de la planta, que muestra su buen estado, y no como un defecto, y tratar de reconducirlo hacia una fertilidad de calidad. Buena parte de la experimentación desarrollada por Mas Martinet desde 1997 se ha enfocado a optimizar la gestión del vigor de las variedades autóctonas en las nuevas plantaciones en terraza.
3.2. Arquitectura de la planta
3.2.1 Diámetro del sarmiento
Mas Martinet sabía, por tanto, cómo debían ser las uvas, pero desconocía cómo podían obtenerse en viñas jóvenes plantadas sobre terrazas. La experimentación inicial, basada en dejar menos racimos en la cepa o en reducir la distancia entre cepas, no dio los resultados esperados: las uvas seguían siendo grandes y compactas.
Finalmente, se planteó la hipótesis que con la experimentación se ha demostrado acertada: la morfología de la uva está relacionada con el diámetro de su sarmiento. Se verificó que los sarmientos que superan los 10 mm de diámetro producen uvas compactas, pero si el diámetro está entre 6 y 8 mm, los granos de uva son pequeños y sueltos (figura 3.2).
Para lograr que los sarmientos fueran suficientemente delgados se optó por dejar un mayor número de sarmientos en la cepa, para que la competencia entre ellos lograra la reducción de tamaño deseada. Si el vigor de la planta, que es inherente a sus características y condiciones de cultivo, se reparte entre pocos sarmientos, estos serán gruesos y largos. En cambio, si el mismo vigor o cantidad de madera tiene que repartirse entre un mayor número de sarmientos, éstos serán más delgados y cortos (figura 3.3).
La experimentación de Mas Martinet permite estimar que el sarmiento óptimo tiene entre 6 y 8 mm de diámetro, alrededor de 1,2 m de longitud y pesa entre 45 y 55 gr.
3.2.2. Emparrado
En la conducción del viñedo en “T” o “cordón royat” y una distancia entre cepas de 1,2 m, se dejan normalmente entre 10 y 14 sarmientos, con una distancia media entre ellos de 8-10 cm. Ahora es preciso dejar un mayor número de sarmientos para un mismo vigor de la planta, por lo que hay que alargar el brazo de producción sin variar el marco de plantación. Para ello, Mas Martinet ha desarrollado dos nuevas formas de emparrado:
El emparrado está formado por unos soportes fijos sobre los cuales se desarrolla la arquitectura de la planta, de forma que los sarmientos puedan crecer suficientemente ordenados y separados para facilitar la aireación y la insolación de la uva, la poda, la aplicación de plaguicidas, la recolección y, en general, todos los trabajos de viticultura.
El brazo de producción es la longitud de cepa lignificada a partir de la cual crecen los sarmientos.
En los nuevos emparrados, la técnica consiste en dejar una distancia media entre sarmientos de 7 cm. En un doble emparrado, con una distancia entre cepas de 0,5 m, pueden llegar a dejarse 14 sarmientos por cepa, es decir, 14 sarmientos por metro lineal de brazo de producción. Si se utiliza el emparrado en aros de 0,6 m de diámetro, una cepa puede albergar hasta 27 sarmientos, ya que el brazo de producción mide 1,88 m (nuevamente, 14 sarmientos por metro lineal de brazo).
Por tanto, se dispone de más espacio para dejar un mayor número de sarmientos en función del vigor de cada cepa. Por ejemplo, en una plantación con una distancia entre cepas de 0,5 m, si la cepa tiene un vigor de 500 gr, se dejarán 10 sarmientos; si la cepa tuviera un vigor de 600 gr, se dejarían 12 sarmientos.
Frente al emparrado convencional, para un marco de plantación determinado, los nuevos emparrados no sólo permiten alargar el brazo de producción de una cepa, sino que también aumentan la superficie foliar efectiva (SFE). Con ello, se logra una mayor relación entre la SFE y el volumen de suelo radicular (SFE/VMP), parámetro que, como se verá más adelante, resulta clave para controlar la maduración de la uva frente a condiciones climatológicas adversas. Además, las cepas con mayor SFE pueden aumentar su producción sin reducir la concentración de polifenoles en la uva, ya que su mayor“placa solar” les permite sintetizar mayores cantidades de azúcares (figura 3.4).
Superficie foliar efectiva (SFE)
La superficie foliar efectiva (también denominada expuesta o activa) es la que forman las hojas de la planta directamente expuestas a la radiación solar. A mayor SFE, mayor es la energía solar que la planta puede captar para sintetizar, a través de la función clorofílica, los azúcares necesarios para su crecimiento y la maduración de la fruta.
No existe una forma única de medición de la SFE universalmente aceptada. Un método sencillo consiste en “escanear” las hojas del sarmiento y medir su superficie mediante un programa informático. Sin embargo, no toda la superficie foliar puede considerarse efectiva, es decir, directamente expuesta a la luz solar, puesto que en la práctica algunas hojas tapan (hacen sombra) a otras, especialmente si los sarmientos tienden a entrelazarse.
Los nuevos emparrados permiten una disposición ordenada de los sarmientos, de manera que la SFE se extiende con un formato continuo y eficiente, que reduce el efecto de sombra o sobreposición entre hojas. Mas Martinet está evaluando en sus plantaciones del Priorat la SFE de cada una de las variedades de uva y su relación con una producción de calidad. De forma conservadora, en este Manual se adopta un valor de la SFE media de las variedades plantadas de 0,14 m2 por cada sarmiento desarrollado
Figura 3.4 Puede doblarse la superficie foliar efectiva, sin aumentar el marco de plantación y, en consecuencia, el volumen de suelo radicular
3.3. Riego de precisión
3.3.1 Funciones básicas del agua
Gracias a la función clorofílica de las hojas de la vid (SFE), la planta fotosintetiza azúcares, los acumula en los tejidos de reserva y dispone de ellos a medida que los va necesitando para realizar sus funciones. A lo largo de su ciclo vegetativo, la planta debe producir la cantidad de azúcar necesaria para tres finalidades:
En estos procesos del ciclo vegetativo, la disponibilidad de agua tiene un papel preponderante. El agua tiene dos funciones básicas:
Si durante los meses cálidos el agua exterior (la que pueden captar las raíces y la contenida en la humedad del aire) es menor que la que requiere la transpiración (más demanda que oferta), la planta utiliza el agua intracelular, lo que provoca un cambio en la presión osmótica y, en consecuencia, se modifica el metabolismo de la planta:
Por tanto, un déficit de agua de transpiración (estrés hídrico) tiene dos efectos perniciosos: deshidratación de la planta, con pérdida de superficie foliar y granos de uva, y reducción de la actividad fotosintética y, en consecuencia, menor producción de azúcares disponibles para la maduración.
Por el contrario, cuando hay un exceso de agua extracelular en relación a la necesaria para la transpiración (más oferta que demanda), la planta sintetiza hormonas del crecimiento y utiliza el azúcar de las reservas para crecer. Esto debe ocurrir durante los meses de primavera, en los que la planta ha de desarrollar todo su crecimiento y formar la SFE, pero ha de evitarse desde primeros de julio hasta la cosecha de la uva, tal como se describe en el apartado siguiente.
3.3.2 Necesidades de agua de riego a lo largo del ciclo vegetativo
Para que la planta desarrolle correctamente su ciclo vegetativo y todos los granos de uva alcancen la maduración adecuada, la cantidad de agua a disposición de la planta es fundamental y debe controlarse en todo momento:
Esta humedad debe mantenerse durante los meses más cálidos (julio y agosto), por lo que la dosificación del riego se vuelve más importante: la planta necesita el agua justa, ni más (crecimiento en detrimento de las reservas de azúcar para la maduración), ni menos (estrés hídrico y deshidratación de la planta, con pérdida de SFE, cuando la humedad del suelo radicular se reduce hasta niveles cercanos al punto de marchitamiento). No obstante, una lluvia excesiva puntual en julio o a principios de agosto no tiene porque acabar afectando a la calidad de la uva, ya que la planta todavía tiene tiempo de reconducir su metabolismo y acumular una cantidad suficiente de azúcar.
Humedad del suelo, capacidad de campo y punto de marchitamiento
La humedad del suelo se define como el peso de agua presente en el suelo por unidad de peso de suelo seco. Si: Psh: peso de suelo húmedo Pss: peso de suelo una vez seco (en estufa a 110ºC)
Entonces, humedad H (en %) = (Psh - Pss)/Pss* 100
Después de unas lluvias abundantes, el suelo puede saturarse de agua (todos sus poros están llenos de agua) hasta una determinada profundidad. Cuando cesan las lluvias, una parte del agua (la contenida en los poros de mayor tamaño) drena por gravedad hacia capas más inferiores, con mayor o menor rapidez dependiendo de la permeabilidad del suelo. Una vez producida esta infiltración, el nivel de humedad que queda se denomina capacidad de campo. Por tanto, la capacidad de campo es la humedad máxima que puede retener el suelo una vez toda el agua gravitacional ha migrado hacia las capas inferiores; por ello, se denomina también capacidad de retención de agua.
Si no se producen nuevos aportes de agua, el suelo continua perdiendo agua por evaporación y por transpiración de las plantas (en este caso, vides). La absorción del agua por las plantas se va haciendo más difícil a medida que la humedad del suelo disminuye, hasta que la planta ya no puede absorber más agua, porque la fuerza que ejercen las partículas y sales del suelo es mayor que la que pueden hacer las raíces. La humedad del suelo en este momento se denomina punto de marchitamiento, es decir, el grado de humedad cuando las plantas ya no pueden absorber más agua.
En la “Licorella” del Priorat, la capacidad de campo y el punto de marchitamiento se sitúan entorno al 17% y al 7%, respectivamente.
En síntesis, la planta ha de tener el agua que necesita: si le falta agua, hay que suministrársela (riego);si le sobra, ha de poderla disipar de forma efectiva. La gestión del agua a disposición de la planta permite controlar sus funciones vitales:
Puede decirse que el momento del riego es tan importante o más que la cantidad de agua que se aporta.
3.3.3. Control del estado hídrico de la planta
Cuando la vid utiliza el agua extracelular para transpirar con mayor o menor intensidad, sufre una reducción en su volumen. Durante los momentos de baja demanda (noche, días nublados), la planta capta agua a través de las raíces de la humedad del suelo y recupera su volumen inicial. Esta actividad es constante y las contracciones que provoca, de algunas decenas de micras, pueden medirse en el tronco mediante sensores de desplazamiento denominados dendrómetros, fabricados con aleaciones no dilatables con la temperatura.
Dendrómetros (para medir las variaciones del diámetro del tronco de la cepa)
Figura 3.6 Oscilaciones diarias del dendrómetro
Cuando el agua externa es insuficiente, la amplitud de la contracción diaria aumenta considerablemente, en especial cuando se moviliza el agua intracelular.
Las amplitudes de contracción diarias del tronco reflejan la intensidad de la demanda que se produce sobre las reservas hídricas de la planta. Entre el valor mínimo de un día y el valor máximo del día siguiente, el incremento corresponde a la recuperación hídrica más el crecimiento vegetativo.
Las variaciones del diámetro del tronco (VDT) permiten obtener dos indicadores de gran valor para el control hídrico de la planta (figura 3.7): la máxima contracción diaria (MCD) y el crecimiento diario (CD). Si este último parámetro se acumula a lo largo del tiempo, se obtiene el crecimiento diario acumulado (CDA).
Figura 3.7 Indicadores para el control hídrico de la planta a partir de las lecturas del dendrómetro En el eje de ordenadas: lectura del dendrómetro en micras
El crecimiento diario (CD) es un buen indicador del estado hídrico de la planta. Bajo estrés hídrico pronunciado, el diámetro del tronco decrece continuamente, y sólo se recupera cuando la planta vuelve a tener agua suficiente disponible para transpirar.
De acuerdo con las necesidades de agua de la vid a lo largo de su ciclo vegetativo descritas en el apartado anterior, la gráfica del dendrómetro ha de tener un aspecto como el de la figura 3.8:
La única excepción puede producirse durante el envero (dos o tres semanas en las que la uva cambia de color, a principios de julio en la figura 3.8): la concentración de azúcar aumenta mucho y, con ella, el potencial osmótico, lo que crea una fuerte demanda sobre las reservas hídricas de la planta, con el consiguiente decrecimiento del tronco. Pasado el envero, si el dendrómetro marca un descenso continuado, la planta sufre estrés hídrico, lo que pone en riesgo la maduración: el riego se hace necesario para que la planta pueda refrigerarse y las hojas no cierren los estomas y detengan la fotosíntesis[1]. Si la gráfica es ascendente, indica un exceso de oferta y el riego debe reducirse o eliminarse.
La única excepción puede producirse durante el envero (dos o tres semanas en las que la uva cambia de color, a principios de julio en la figura 3.8): la concentración de azúcar aumenta mucho y, con ella, el potencial osmótico, lo que crea una fuerte demanda sobre las reservas hídricas de la planta, con el consiguiente decrecimiento del tronco.
Pasado el envero, si el dendrómetro marca un descenso continuado, la planta sufre estrés hídrico, lo que pone en riesgo la maduración: el riego se hace necesario para que la planta pueda refrigerarse y las hojas no cierren los estomas y detengan la fotosíntesis[1]. Si la gráfica es ascendente, indica un exceso de oferta y el riego debe reducirse o eliminarse.
Figura 3.8 Gráfica de dendrómetro equilibrada
En rojo: gráfica del dendrómetro En azul: gráfica del sensor de humedad del suelo a 50 cm de profundidad
Los datos del dendrómetro son muy útiles, porque permiten conocer el estado hídrico de la planta mucho antes de que los efectos de una posible descompensación se hagan patentes mediante observación ocular (crecimiento excesivo, deshidratación de la uva, marchitamiento de las hojas, etc.). Téngase en cuenta que entre los desajustes hídricos y las consecuencias visibles pueden pasar varias semanas.
3.3.4 Aplicación y control del riego
La necesidad de un riego de precisión que mantenga la humedad del suelo adecuada en cada momento, sin malgastar agua, llevó a Mas Martinet a experimentar la instalación de un sistema de riego gota a gota enterrado. De esta manera, el agua llega a las raíces más directamente, sin perderse en la superficie del suelo donde no se necesita. Para ello, se utiliza una conducción especialmente preparada para que las raíces no la presionen ni la obstruyan. Contiene unas válvulas de salida de agua cada 40 cm y se entierra a 40 cm de profundidad.
En un riego gota a gota convencional, la conducción de agua se coloca por encima del nivel del suelo. Para que el agua llegue a las raíces, primero es necesario saturar la parte superior de suelo, y se produce un gasto innecesario de agua, agravado por la evaporación superficial que puede llegar a ser muy intensa.
No obstante, durante el primer año de vida el riego ha de ser superficial porque las raíces todavía no se han desarrollado por completo. A partir del segundo año, el riego ya puede enterrarse a 40 cm.
El riego de precisión exige saber con suficiente exactitud qué cantidad de agua hay que aportar al suelo en cada sesión, es decir, cuándo hay que detener el riego, sin esperar a ver la respuesta de la planta en las lecturas del dendrómetro.
Los datos de los sensores de humedad se transmiten por radio hasta la oficina de control, donde se procesan y se toman las decisiones pertinentes en cada momento. El riego puede ponerse en marcha desde la misma oficina e incluso puede programarse de forma automática.
La figura 3.9 muestra con carácter orientador cómo deben mantenerse los niveles de humedad del suelo a lo largo del ciclo vegetativo.
Riego: comparación entre unos goteros de calidad y otros de funcionamiento irregular
La instalación de riego gota a gota también ha de ser de precisión, es decir, cuando se detiene el riego, el goteo sobre las raíces debe cesar con prontitud. Hay que tener en cuenta que el riego se instala en una finca aterrazada con fuertes pendientes, y que el agua de los tubos superiores tiende a acumularse por gravedad en los niveles inferiores. Por ello, el sistema de válvulas ha de permitir controlar el riego en cada una de las alturas de la explotación. No es admisible que las cepas de menor altitud reciban más riego que las situadas en cotas superiores. En la época de crecimiento de la planta este control estricto no es tan necesario, porque un exceso de agua no va a causar problemas significativos, pero a partir de junio se hace imprescindible.
La experimentación de Mas Martinet en el ámbito de la aplicación del riego de precisión y su control mediante dendrómetros y sensores de humedad se ha llevado a cabo con la colaboración de dos empresas proveedoras:
Los episodios de lluvias mantienen la humedad del suelo y la gráfica del dendrómetro se mantiene equilibrada
El dendrómetro indica riesgo de estrés hídrico en el mes de agosto. El riego y las lluvias logran equilibrar la situación
3.4. Marco de plantación
Como ya se ha indicado en el apartado 3.3.2, una menor distancia entre hileras de cepas reduce el marco de plantación (MP) sin alterar la superficie foliar efectiva (SFE) de la cepa y, por tanto, aumenta la relación SFE/\/SR. Una relación SFE/VSR alta facilita todos los procesos de control del cultivo, pero sobre todo el de la maduración.
La distancia entre cepas de una misma hilera completa la definición del marco de plantación. Esta distancia no influye en la relación SFE/VSR, pero tiene una incidencia decisiva en la rapidez con que se forma la arquitectura de la planta:
Cuanto antes se forme la arquitectura prevista antes se alcanzará la producción objetivo con la calidad deseada. La experimentación de Mas Martinet ha permitido comprobar que si las cepas de una misma hilera se colocan menos distanciadas, el brazo de producción se forma más rápidamente (cuadro 3.1). También se ha podido verificar que con las cepas más cercanas entre sí, puede lograrse una distribución más uniforme de los sarmientos. La vid es una planta liana (trepadora, enredadera) y tiende a desarrollar sarmientos de mayor dimensión y densidad en los extremos del brazo de producción (más alejados del tronco). Si las cepas están próximas, este efecto tiene una incidencia menor.
m
%
1,5
3
45
1
2
75
0,5
100
Con las cepas a 0,5 m, y aplicando la forma de conducción desarrollada por Mas Martinet y el riego, el viñedo puede completar el desarrollo de toda la línea de producción al tercer año. En general, se ha concluido que el incremento de producción que se obtiene al adelantar la formación de la arquitectura compensa sobradamente la mayor inversión en la plantación.
En un doble emparrado con las cepas a una distancia de 0,5 m, la longitud de brazo de producción es de 1 m; si los sarmientos se dejan cada 7 cm, cabrán 14 sarmientos, por lo que la cepa deberá alcanzar un vigor de unos 700 gr (45-55 gr/sarmiento). Ello se logrará mediante el riego (y la fertilización) para compensar las carencias climatológicas y edafológicas que puedan existir. De esta forma, se tendrá el vigor deseado, repartido entre sarmientos de dimensión óptima. Teniendo en cuenta que la SFE de un sarmiento es de 0,14 m2 y admitiendo una producción para un primer vino de crianza de 0,6 kg/m2SFE (véase el apartado 3.5), la producción teórica de una cepa sería de:
14 sarmientos/cepa x 0,14 m2SFE/sarmiento x 0,6 kg/m2SFE = 1,18 kg/cepa
Si las hileras de cepas se separan a 2,5 m, el número de cepas por ha será de 8.000 (10.000/2,5/0,5), y la producción de 9.440 kg/ha (8.000*1,18). Si la distancia entre hileras se reduce a 2 m, ya que se puede trabajar con tractores de menor dimensión, la capacidad productiva teórica alcanzaría los 11.800 kg/ha.
En una finca con miles de cepas, no todas alcanzarán el vigor deseado al mismo tiempo, y habrá que ir ajustando las prácticas de cultivo hasta lograrlo. Es decir, al tercer año se habrá desarrollado el 100% del brazo de producción, pero se necesitará un tiempo mayor para acercarse a la producción teórica del viñedo.
En la práctica, algunas cepas no resultan viables o no alcanzan el vigor que requiere la arquitectura máxima de la planta; en otros casos, la distribución de cabezas y yemas no permite dejar un sarmiento cada 7 cm en promedio y debe limitarse el vigor. Además, a fin de facilitar las labores del cultivo, se tiende a igualar el vigor de todas las cepas en cada una de las áreas en las que puede dividirse el viñedo. Por todo ello, la producción real suele estar entre el 60% y el 80% de la teórica, entendiendo por teórica la que correspondería a la SFE resultante de dejar un sarmiento cada 7 cm.
En conclusión, cuando se aplican técnicas de conducción del vigor, el marco de plantación se determina a partir de tres criterios:
En términos generales, las técnicas Mas Martinet requieren una alta densidad de plantación (dos primeros criterios), compatible con el paso de la maquinaria, que conviene que sea específicamente de dimensiones reducidas (tractor de 1 m de ancho).
3.5. Clareo de la cepa
La producción de uva con la concentración suficiente para un vino de guardar depende de la superficie foliar efectiva, que determina la capacidad de la cepa para sintetizar los azúcares para la maduración.
La experiencia de Mas Martinet muestra que la producción objetivo con reparto del vigor se sitúa entre 0,5 y 0,9 kg de uva por m2 de SFE. Para un primer vino, la producción deberá acercarse al límite inferior, y si se trata de un segundo vino, se utiliza como referencia el límite superior. Los vinos jóvenes aceptarían un límite mayor.
No obstante, estos valores son una referencia basada en tanteos experimentales, pero no responden todavía a una evidencia científica suficiente. Quedan algunas preguntas importantes por responder en relación a la calidad de los polifenoles y de los aromas, y al grado alcohólico probable.
La experimentación y los estudios sobre estas cuestiones tendrán que continuar en los próximos años.
Lo que si se considera suficientemente verificado es que el conjunto de técnicas de conducción del vigor es eficiente en la síntesis de azúcares, por lo que la producción por m2 de SFE puede ser algo mayor que en una plantación convencional.
Debe quedar claro que esta producción entre 0,5 y 0,9 kg/m2 de SFE puede obtenerse en forma de uvas grandes y compactas o de uvas pequeñas y sueltas. La morfología no depende de la producción de la cepa, sino del diámetro del sarmiento, que se ajusta repartiendo el vigor entre un mayor o menor número de sarmientos productivos. Otras arquitecturas, como la viña en Lyra, están pensadas para aumentar la SFE y, con ello, la producción, pero sin influir en la morfología de la uva.
Con la arquitectura Mas Martinet, cada cepa tiene un mayor número de sarmientos y, por tanto, produce un mayor número de uvas. Para ajustar la producción entre 0,5 y 0,9 kg/m2 SFE, el clareo de la cepa tiene un mayor protagonismo que en otras arquitecturas (figura 3.10). Del clareo depende:
Figura 3.10 Con las técnicas deconducción del vigor, el clareo se hace imprescindible
Para cada variedad de uva, se conoce el rango de peso de una uva suelta, producida con técnicas de conducción del vigor. Mediante este peso, puede calcularse el número de uvas que han de dejarse en cada cepa[2] para respetar la producción por unidad de SFE.
Con técnicas de conducción del vigor, la media se estima entre 0,7 y 0,9 racimos por sarmiento.
En términos generales, conviene realizar el clareo lo antes posible, ya que se considera que no tiene sentido dejar desarrollar unos racimos que luego se van a desechar. También se aprovecha para eliminar las uvas formadas en sarmientos que no han alcanzado el crecimiento óptimo, con objeto de aumentar el conducto de la planta que alimenta esos sarmientos, para lograr su crecimiento completo al año siguiente. El clareo se completa en el envero, con las uvas de morfología más compacta. No obstante, Mas Martinet está experimentando sobre cómo influye el momento y la intensidad del clareo en la maduración y el grado alcohólico probable. El clareo podría diseñarse en función del grado alcohólico que se quiere obtener (por ejemplo, si se desplaza el clareo hasta mediados de setiembre, cuando la maduración ya ha avanzado, puede completarse la maduración de la piel sin aumentar significativamente el grado alcohólico probable).
3.6. Síntesis de los parámetros básicos de control
Cuando se aplican las técnicas Mas Martinet, el vigor de las cepas de la viña, su producción y la calidad de la uva no queda en manos del azar climatológico y de las condiciones edafológicas de cada viña, sino que pueden controlarse mediante cuatro formas de intervención del viticultor (figura 3.10): Emparrado y poda en verde (arquitectura de la planta).
La calidad de la uva depende en gran medida de su morfología, lo que a su vez depende de la arquitectura de la planta lograda mediante el emparrado. En cambio, la producción depende de la intensidad del clareo en relación a la SFE de las cepas, según el tipo de vino que se quiera elaborar.
Dentro del marco de plantación, la rapidez con que se alcanza la producción objetivo con la calidad deseada puede controlarse mediante la distancia entre cepas de una misma hilera. La distancia entre hileras, conjuntamente con la arquitectura de la planta, determinan la relación SFE/\/SR, es decir, la relación entre la demanda y la oferta de la cepa. Cuanto mayor es la demanda en relación a la oferta, mayor es la capacidad de control frente a las condiciones climatológicas y edafológicas, tanto para intensificar o acelerar los procesos como para ralentizarlos o detenerlos.
La diferencia con los métodos de cultivo más comunes radica en la forma de equilibrar el vigor de la cepa con la arquitectura de la planta:
3.7. Técnicas complementarias
3.7.1 Cubierta vegetal
El labrado tiene también inconvenientes:
Figura 3.12 Desprotección física de la materia orgánica por efecto del labrado
Una alternativa al labrado que utilizan algunas plantaciones convencionales es la aplicación de herbicidas.
Las técnicas de conducción del vigor no contemplan en ningún caso el labrado del viñedo, ya que son perfectamente compatibles con el desarrollo de una cubierta vegetal, tanto en las terrazas como en los taludes. La cubierta vegetal no responde a una supuesta necesidad de reducir el vigor de la cepa, aumentando la competencia por el agua, sino a las notables ventajas que aporta[3]:
El desarrollo de la cubierta vegetal con hierba rastrera puede hacerse de dos formas:
Por otra parte, se ha comprobado que el labrado en terrazas con una única hilera exterior de cepas acaba rebajando la parte inferior del talud superior. La tierra removida se acumula en la parte interior de la terraza y puede llegar a cambiar el sentido de la pendiente transversal de las terrazas, lo que comportaría la quiebra del sistema de desagüe longitudinal, con grave riesgo para la estabilidad de todo el abancalamiento.
3.7.2 Control de enfermedades y plagas
El riesgo para la vid se concentra principalmente en tres enfermedades causadas por hongos:
Con carácter general, pueden aplicarse tres estrategias de control de estas enfermedades:
Esta última estrategia es la que se ha experimentado, aplicando un modelo específico holandés. Al modelo hay que aportarle periódicamente la siguiente información:
El modelo devuelve el riesgo al que está sometida la viña para las distintas enfermedades. Si el riesgo supera un determinado umbral, hay que aplicar un tratamiento preventivo. Si no se actúa correctamente, el modelo vuelve a avisar y entonces puede indicar la aplicación de un plaguicida curativo, normalmente de mayor toxicidad que el preventivo.
Fungicidas para el control de las enfermedades de la vid
Las principales enfermedades que atacan a la vid están causadas por hongos fitopatógenos. Los fungicidas que se utilizan para el control de estas enfermedades pueden clasificarse, según su forma de actuar en relación a la planta, en tres grupos: -De contacto: actúan sobre los órganos verdes que hayan sido impactados por el producto. Se utilizan de forma preventiva, es decir, para evitar que la enfermedad se instale en la planta. Una vez la enfermedad está instalada, ya no sirven para eliminarla (no son curativos). Una lluvia superior a 10 l/m2 lava el producto y la planta queda desprotegida. Otro inconveniente es que su acción se limita a los órganos tratados (con los que ha habido contacto), los formados después del tratamiento no quedan protegidos.
- Penetrantes: como su nombre indica, penetran en los órganos tratados, por lo que no son lavados por las lluvias. Tienen efectos preventivos y curativos (una vez la enfermedad ya ha afectado a la planta). No protegen a las partes no tratadas. - Sistémicos: penetran en el interior de los tejidos y son transportados por la savia, por lo que protegen también a los brotes que se forman después de la aplicación. Son esencialmente curativos y no son lavados por la lluvia.
Los funguicidas preventivos de contacto a base de compuestos de cobre y azufre son los más utilizados. Son también los más respetuosos con el medio ambiente, ya que se trata de principios activos existentes en la naturaleza.
Los funguicidas penetrantes y sistémicos son sintéticos y, por tanto, extraños al medio ambiente. Si se utilizan, es preciso alternarlos para que los hongos no adquieran resistencia.
Se requiere acumular experiencia y seguir una curva de aprendizaje en el uso del modelo, para introducir los datos apropiados en cada momento y para interpretar los resultados. Pero si ello se logra, el modelo es muy efectivo y permite evitar numerosas aplicaciones innecesarias en relación a las otras dos estrategias, con el consiguiente ahorro económico y ambiental. Puede decirse que con el modelo específico y la experiencia puede llegar a hacerse una verdadera gestión del riesgo. Por ejemplo, los resultados de Mas Martinet en el Priorat durante el año 2006 fueron los siguientes:
El modelo colectivo de la comarca dio unos resultados intermedios.
La minimización del uso de funguicidas mediante un modelo específico puede considerarse suficientemente experimentada, con buenos resultados.
En el Priorato, las bodegas suelen seguir el modelo colectivo, mientras que los agricultores que venden la uva prefieren los tratamientos sistemáticos para evitar cualquier riesgo, salvo que sus clientes les indiquen otra forma de proceder.
Entre otras enfermedades y plagas que se controlan, pero fuera del alcance del modelo, cabe destacar:
Polillas del racimo: se trata de una plaga, cuyos daños están provocados por las larvas de la primera generación, que destruyen los botones florales, flores e incluso frutitos recién cuajados. Las larvas de segunda y tercera generación producen daños más severos e incluso pérdida de cosecha. Se utiliza el sistema de trampas para el conteo de mariposas, y se decide cuándo es necesario aplicar un insecticida.
Podredumbre de las raíces: es una enfermedad causada por el hongo Armillaria mellea que se instala en las raíces de la cepa y causa su pudrición. Afecta a cepas concretas y sólo se extiende por contacto entre las raíces. No tiene tratamiento. La cepa afectada debe arrancarse, limpiar el hoyo, taparlo y retirar el riego. Antes de plantar la viña hay que eliminar todas las raíces y voltear la tierra para que se airee y se seque, lo que causa la inactivación del hongo.
1Algunas variedades de uva tienen comportamientos de respuesta a los parámetros de clima y suelo algo diferentes de la regla general. Un caso muy marcado es el de la variedad Merlot, tal como se ha podido comprobar en las fincas Mas Martinet en el Priorat. En situaciones de temperatura elevada y humedad relativa baja, la planta no es capaz de absorber agua de riego a través de su sistema radicular para superar el estrés, incluso con el suelo a capacidad de campo, lo que afecta a la fotosíntesis y, en consecuencia, a la calidad de la uva y del vino. La humedad relativa resulta ser el factor decisivo para que la planta reanude su funcionamiento hídrico. La experimentación muestra que la variedad Merlot no encuentra su mejor potencial en zonas semi-áridas como el Priorat (el Merlot proviene de la zona de Burdeos, con humedades relativas altas ya que confluyen dos rios importantes). 2 Con técnicas de conducción del vigor, la media se estima entre 0,7 y 0,9 racimos por sarmiento. 3 La implantación de una cubierta vegetal está en línea con las recomendaciones de la Unión Europea a través de la Política Agraria Común (PAC). En concreto, la lucha contra la erosión en medios frágiles promovida por la PAC fomenta la medida siguiente para cultivos leñosos en terrazas: “En las parcelas con pendientes medias superiores al 10 % y con suelos de permeabilidad insuficiente, para evitar los problemas de escorrentía, será obligatorio el establecimiento de cubiertas vegetales en el centro de las calles, que cubran un mínimo del 50 % de la superficie, a partir de la flora espontánea o recurriendo a la siembra de especies cultivadas, siendo en todo caso obligatoria la inmediata corrección de los efectos puntuales ocasionados por las escorrentías producidas por las lluvias torrenciales.” (véase también el Anexo II del RD 708/2002).
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