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El vigor, ¿defecto o cualidad?

Se ha hablado mucho acerca del vigor de las viñas, sobre todo en las regiones productoras de vino de calidad tales como la Borgoña francesa. Estos vinos se producen en laderas pronunciadas donde los suelos poco fértiles facilitan el control del vigor de las cepas y producen una uva de calidad extraordinaria. En cambio, en los llanos donde se han sedimentado los terrenos meteorizados transportados de las laderas, los suelos suelen ser muy fértiles. Estos terrenos se utilizan en general para el cultivo de forrajes pero no para la producción de uva destinada a la elaboración de grandes vinos. Éste es un hecho constatado a través del tiempo por los productores de la zona francesa de Borgoña.

Es muy difícil argumentar lo contrario, después de tantos años de experiencia. Después de tantas añadas de constatar que las uvas no llegan a madurar cuando el vigor de la planta excede un cierto nivel. Se hace complicado negar que en suelos fértiles los racimos son, por lo general, compactos y que durante el proceso de maduración la humedad provoca que los granos se rompan y que la botritis los invada. Es descorazonador considerar un supuesto preestablecido y rendirse a él. Pero no lo haremos, no lo hicimos. Intentamos demostrar que aún no lo sabemos todo, que aún podemos llegar más lejos. Vamos a permitirnos el lujo de dudar de tales evidencias y de los años de experiencia. Vamos a pensar, a deducir y a experimentar, por si acaso hubiera otra verdad que nos llevara a un camino inesperado hacia el éxito.

A partir de los noventa, cuando los vinos del Priorato empezaban a ser nombrados por la prensa internacional, se nos presentó una duda en cuanto a la utilización de las variedades tradicionales de las nuevas plantaciones en terrazas. ¿Podremos mantener la misma calidad y personalidad de los vinos en tales circunstancias? No era seguro, pues ya observábamos que de estas cepas jóvenes obteníamos uvas prietas y de grano grueso, uvas difíciles de madurar y, por tanto, de producir vinos con estructura  y amplitud aromática, tales como los de las viñas viejas. La dilatada experiencia procedente de Borgoña de no utilizar los suelos fértiles para producir uva de alta calidad, se reflejaba aquí, en el Priorato, al utilizar variedades  vigorosas en suelos de terrazas más fértiles que los terrenos de las pendientes donde la fertilidad ha sido arrastrada por la lluvia. No era éste un buen camino, teníamos que encontrar una manera de cultivar estas variedades y que produjeran vinos de calidad a partir de cepas jóvenes. Es inadmisible pensar que en poco tiempo se produzcan mutaciones en pro de la calidad. ¡Esto es imposible!

Paseando por las viñas jóvenes, en tiempo de vendimia, observamos que de los sarmientos delgados colgaban uvas sueltas que destacaban por su maduración homogénea, en cambio en otros sarmientos de un diámetro superior, las uvas eran grandes, con granos gruesos y compactos. Tomamos la decisión de cuantificar esta relación utilizando la estadística como herramienta de trabajo.  El resultado de este pequeño estudio, entre el diámetro del sarmiento y la morfología de la uva, fue muy significativo. Se me abría un nuevo camino, «encontrar la manera de hacer que la planta produzca sarmientos de pequeño diámetro». Lo primero que se nos ocurrió fue estrechar la distancia entre las cepas, con el fin de crear una competencia radicular para disminuir su vigor. Conocimos que Roberto Voerzio (Piamonte, Italia) lo estaba haciendo en las viejas plantaciones de 1,20 metros. Plantaba otra cepa en medio, disminuyendo la distancia a 0,6 m. Fuimos a ver a Voerzio. Comentamos sus resultados y posteriormente plantamos tres hectáreas. Estuve cuatro años esperando y el resultado no fue del todo convincente, pero esa es otra historia que debe ser contada en otro momento. Continuamos buscando la solución y nos imaginamos una situación: «En un suelo de una fertilidad determinada, hay dos cepas con igualdad de vigor. En la poda, a una, le dejamos dos sarmientos, a la otra le dejamos cincuenta». Seguro que en la primera, los dos sarmientos serán muy largos y gruesos y sus cuatro uvas serán grandes y compactas. En cambio en la otra cepa, los sarmientos serán cortos y con un diámetro muy inferior a los de la primera, las uvas producidas serán pequeñas y con granos sueltos.
Esta deducción nos llevó a pensar,  que el vigor es una propiedad de la planta y que la poda es una manera de intervenir en ella. Que la poda inteligente es la que deja el número de sarmientos adecuado, para repartir su vigor, de manera que su longitud no sobrepase los límites del emparrado para no tener que despuntar.
Partiendo de esta deducción, podemos afirmar que ninguna cepa tiene un vigor excesivo si se le aplica una poda adecuada.

Josep Lluís Pérez

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