Hoy en día cuando uno quiere iniciar una plantación de viñedo está casi obligado a escoger una zona protegida por una Denominación de Origen. Esto se produece simplemente porque creemos que las ordenanzas que rigen las DDOO aseguran la calidad de los vinos de la región. Pero planteémonos una cuestión. ¿Por qué los reglamentos de las DDOO toman como medida para la producción de uva la superfície de suelo? Si analizamos el origen de la materia orgánica del cuerpo de la planta y de los granos de uva encontraremos que si eliminamos el agua de la planta y estudiamos la composición de la materia seca tendremos un tanto por ciento mínimo de sales minerales procedentes del suelo y el resto, más de 99%, responderá a productos orgánicos tales como azúcares, grasas, proteínas, etcétera. Y la molécula base de la cual derivan todas las moléculas orgánicas es la glucosa y ésta tiene su origen en la fotosíntesis. Una función esta que se realiza a través de la superficie de las hojas. La también llamada función clorofílica utiliza la energía radiante del sol, el gas carbónico de la atmósfera y el agua para producir la glucosa. Sin embargo y pese a esta reflexión los reglamentos de las DDOO nos obligan a producir «quilos por unidad de superficie de suelo» y no tienen en cuenta, para nada, la capacidad productiva según la superficie de las hojas.
Hagamos un análisis de la realidad y observaremos las trabas que nos ponen los Reglamentos para poder competir en el mercado en cuanto a calidad y productividad. Comparemos una plantación convencional con una parcela en la Serra Alta de Martinet.
Es evidente la diferencia del potencial de producción que hay entre las dos fincas. Pero el Reglamento sigue diciendo que la producción se considera kg/Ha.
Los objetivos que buscamos al hacer este tipo de plantación son:
Creemos obvio que los objetivos arriba expuestos tienen un valor medioambiental, social y económico. No podemos pues considerarlos capricho tecnológico. Pensamos pues que se deberían tener en cuenta los pequeños avances que algunos viticultores estamos aplicando por el bien propio, pero también para ayudar a la zona a evolucionar hacia la calidad y la rentabilidad. Como reflexión final me permitiré el lujo de exponer un caso personal que ilustra nuestra petición.
Allá por los años 70, estudié Biología Humana en la Universidad de Ginebra. En el trabajo final de carrera utilicé la estadística para el tratamiento de los datos y ya en aquellos tiempos pudimos utilizar el ordenador de la Universidad para realizar los cálculos matemáticos. Dicho ordenador ocupaba una sala enorme, termostatizada y los datos se guardaban en fichas perforadas. Han pasado 37 años y a nadie se le ocurre negar la importancia de esos primeros ordenadores, pero, tampoco a nadie, hoy en día, se le ocurre pensar en seguir utilizándolos.
Josep Lluís Pérez
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